
El Siglo XXI y el renacer de las identidades, debe ser vehiculizado por un marco jurídico con herramientas para la convivencia pacífica a través de la economía ambiental.
Acostumbrados a mirar hacia el otro lado del río que nos divide del mundo civilizado, como tránsito obligado al Norte, pese a las excepciones del sudeste asiático y Oceanía, este subcontinente sigue prometiendo ponerse de pié; esta vez debido a la necesidad básica mundial de alimentos, energía y agua, entre otros commodities, pues así se considera a éstos últimos.El siglo XXI, el del Nuevo Humanismo, las diferentes versiones de la modernidad y del progreso, en que las diversas culturas sólo arriban a la armonía, respetando su identidad, respetando los grandes interrogantes, con devoción, como una utopía menos nociva en una civilización de la convivencia.Para ello claro, deben reestructurarse las identidades. Tras el 11 de Septiembre se reveló con brutal claridad la carga de agresividad y de violencia que recorre nuestro mundo contemporáneo, cada vez más globalizado y cuyas fronteras son inciertas. ¿De quién defenderse? ¿Para qué? Ahora el debate por la inmigración es el eje en la Unión Europea –aun no han detectado lo positivo del intercambio enriquecedor y sólo ce concentrar en establecer si esos inmigrantes son un enemigo potencial o sólo un elemento disgregador-. Estas indagaciones llevan a hablar de uno mismo y de la propia identidad. Después de 1989, con la finalización del enfrentamiento ideológico y político, se están repensando las identidades, “todos aspiran con claridad a establecer quiénes somos nosotros y quiénes son los otros”. Este fenómeno no es ajeno a maniobras electoralísticas, en cuando bien se podrían citar abrumadores ejemplos.La solución existe. Vivimos bajo la enseña de la globalización -que aceleró la mentada reestructuración de identidades-, pero también bajo la incertidumbre respecto del propio futuro, que incumbe a toda la aldea global. Y esta última condición impone por la fuerza un punto de encuentro y conexión. Es así que esta reflexión puede ser conjunta y recíproca para reconocer al próximo, al repensarse las identidades nacionales, religiosas, culturales, étnicas, locales, entre otras, al punto que pueden conjugarse, separarse y hasta disolverse, pero siempre enriquecerse en la convivencia, más cuando el potencial conflicto se sitúa en la misma vereda, y su solución es un camino a transitar, con realidades conocidas y extrañas.Este intento de profundizar una tercera vía, implica una historia. Puesto que desde 1945 nos hemos habituado a pensar de manera muy diferente los seres que habitamos las urbes. Y más tras el decongelamiento, una vez culminada la Guerra Fría que abrió la Era de las especulaciones estratégicas con expresiones tácticas de baja intensidad. Durante la Guerra Fría, dos imperios, por utilizar una expresión habitual, ejercían una responsabilidad en todos los países del mundo de manera directa o indirecta. Se libraban guerras por procuración en África, existían problemas “de frontera” entre ambos bloques desde Hungría hasta Afganistán, y el principio rector era una coordinación despiadada y oportuna.El desafío de ser sujetos de nuestro tiempo, nos advierte que este siglo será a las claras el de la afirmación identitaria, y el marco legal mundial debe proveedor herramientas para que todas aquellas, las débiles y las fuertes, tengan alcance si es que poseen la voluntad para hacerlo en convivencia pacífica, y sin la violencia de la pobreza que potencia cualquier conflicto, desnaturalizando, toda vez que fomentando los resentimientos ajenos, pero tan afines a intereses extraños. Hasta el hito del 2001, las identidades nacionales, étnicas, religiosas, salvo excepciones, parecían no contar mucho frente a la lógica prevaleciente entre los dos bloques. Hoy ese razonar mutó.
Aquellos espacios congelados de los dos bloques, la descolonización y la nacionalización de las ex colonias y de los movimientos de liberación abrieron una brecha, gracias a la que muchos países comenzaron a redefinir su identidad después de la independencia. Desde Bandung (1955), los “No Alineados” establecían una tercera posición fluctuante, generalmente discutible, sólo que coincidía las más de las veces con el “Tercer Mundo” –expresión de Alfred Sauvy de 1952, que subyace una evidente referencia al rol del Tercer Estado en la Rev. Francesa, pues también entonces como ahora, el Tercer Mundo, potenciaba el ejercicio de una función revolucionaria en la geopolítica- que aunque un conjunto variopinto, se presentaba como el interlocutor entre ambos bloques.Este complejo mundo, intentó adormecerse en vano a finales del pasado Siglo. Con el fin del imperio del Este y del comunismo, se terminó también el Tercer Mundo a la vista, sólo continuó subrepticiamente. Hoy renace esta Bipolaridad con dos terceras posiciones que tras la estruendosa presentación en sociedad tras los recientes Juegos Olímpicos de Beijing, tercian la India y China –acreedor de los Estados Unidos y Europa- con la no menos terrenal, aunque más alta que el vuelo de los cóndores, escala por el Escudo Antimisilístico entre Estados Unidos y Rusia, que ya tuvo su capítulo en Georgia con otros pretextos.Hoy los Estados se ven amenazados por sus luchas intestinas, y en Latinoamérica vió la luz un nuevo laboratorio de experimentos, Bolivia, que jugó nen el pasado Referéndum Revocatorio del mandato presidencial la integridad territorial de sus pueblos, que como siempre tienen dentro a su Judas Iscariote, que desde adentro abre las puertas. Hay que superar por una perspectiva más amplia, apuntada hacia una civilización de lo universal y que no prescinda de la idea de la diversidad como factor de enriquecimiento; la Era de las máquinas y de la uniformidad no sólo fracasó sino que generó consecuencias funestas.Lo que pareció en los noventa un extravío de las identidades nacionales en esta parte del mundo, fue el comienzo de una historia que asoma, que atravesó fuertes redimensionamientos, ásperos conflictos, que lejos de desconcertante, para numerosos estudiosos bien puede canalizarse en este mundo globalizado a través de redes que aseguren parámetros y reglas, para el diálogo, el encuentro y la contención de las numerosas identidades nacionales, culturales, religiosas, no sólo de esta Región, sino del resto de Occidente, en Asia, en África, que despacio para perennemente se están reestructurando, con el peligro latente que nuevamente existan foráneos intereses, nuevos invasores, dominantes y dominados.Violencia económica. Identidad y fundamentalismo, frente a la fragmentación
Deprimidas y reprimidas, la identidades pueden lograr vivacidad en la escena planetaria y centrarse a través de la incipiente disciplina de Economía y Ambiente Sustentable. Cualquier grupo bienintencionado, incluso las religiones resurgirían en el concierto público con legitimación, sin dejar estupefactos a teóricos seculares, dado su rol en el influjo social.No quedan dudas que la cuestión de las identidades es compleja, sólo que el objetivo del planteo es que de la disgregación, tras una pacífica afirmación , identitaria no se retome viciosamente y concluya en una maniquea y simplista reagregación o amontonamiento.Si la identidad se define por oposición a otro, al extranjero y la política se reduce a la exclusión o al resentimiento estaríamos tipificando una nueva frustración, en la reparación de la dignidad de los hombres y mujeres que quieres ser libres y practicar sus costumbres. Se debe promover la comunidad a expensas de la tolerancia y reciprocidad, para transformar la realidad mundial en la que la pertenencia no sea más fuerte que los objetivos de los ciudadanos del mundo, porque sus objetivos colectivos de ser democráticos reemplazarían las decisiones impuestas por dirigencias carismáticas, autoritarias y populitastas que mal utilizan, la religión y la memoria con interpretaciones parciales; cuando en las sociedades secularizadas, que no reniegan de religión alguna ambos son elementos que convocan a la hora de reforzar identidades. Es interesante pensar en la responsabilidad de recordar, conciliándola con la de olvidar, y la presencia estatal de los medios masivos, pero ya es tema para otro ensayo.Para finalizar, antes de reparar en el aspecto de la disciplina económica y ambiental, , vale la pena recordar una observación de Hobsbawn, quien creía “a las identidades colectivas no como pieles sino como camisetas”, siendo un opositor acérrimo al choque de civilizaciones, y partidario de la solidaridad. ¿Seremos conscientes de cuál es nuestra piel y nuestros ropajes?Ninguna identidad puede pensarse en compartimentos estancos, pues es fácil que florezca en ese caso el germen de la depuración, tan simple para los demagogos, y cobardes populistas que detestan y persiguen todo lo intelectual que se esgrime atento a la razón, y genera más temprano que tarde problemas que eclosionan en un futuro. El mundo contemporáneo no se presta a simplificaciones y es fuente inagotable de conflictos y tensiones, por lo que se debe comenzar a una escala local para lograr la planetaria. Convivir es un deber cuando no existe comunidad que pueda definirse homogénea ni pura, sino forzándose asimisma bruscamente. Entre los objetivos del Siglo deben estar la de finalizar con los despatriados y apátridas. Este gran esfuerzo es semejante al que condujo a la comprensión de la sociedad industrial y su realidades complejas. Recién estamos al inicio de esta tentativa y también del Siglo, pero no somos tan inexpertos como para no comprender que la cobnvivencia será uno de los principales problemas de las próximas décadas y del presente.
La ciencia es parte de la Solución, para el común denominador: Economía y Ambiente
El olvido del único deber que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre ha considerado al mencionar en su primer artículo es elocuente: es la fraternidad. (Art.1º: “Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Están dotados de razón y derechos. Están dotados de razón y conciencia y deben actuar unos con otros con espíritu de fraternidad”). La meta entonces, la misma de hoy, tender medios para que no haya más parias en el mundo global.Éstas visiones integradoras, al estilo de Nelson Mandela en Sudáfrica, que sabía que no podría reconstruir su país si destruía el aparato productivo en manos de la minoría, están enraizadas en la economía y el ambiente.“Conjugar ambiente, economía y ética, era aparentemente una empresa difícil de concretar hasta que TESA se cargó en sus espaldas la tarea de compartir con la sociedad la compatibilidad de éstos tres conceptos”, reza el portal de la Fundación TESA, que es presidida por la Lic. Susana Pésis, y es pionera en la disciplina que se propone “sinergizar el capital humano para construir un capital social sólido, de indagación permanente”.La idea de un asociacionismo real, reducir la pobreza, facilitar exportaciones con ayudas financieras debe tener en primera instancia la promoción de la Paz, para que en un largo, pero pautado plazo se reforme la gobernabilidad mundial, pues una reflexión de este tipo es indispensable si se quieren definir las condiciones institucionales o de otra índole que nos permitirían protegernos mejor de los riesgos colectivos y acceder en común a una visión diáfana de nuestro destino planetario cuando la multiforme violencia no nos deja trabajar en la oportunidad de avanzar hacia una economía ambiental de dimensión mundial fraternal y en consecuencia ética. El futuro pide a gritos a adelantados temerarios, que tomando al pié de la letra los compromisos contraídos, eludan el egoísmo, y nos encaminen con senderos propios marcados por tres valores que todos reconocen: responsabilidad, solidaridad y ciudadanía mundial y fraterna. Son éstos los valores que a través de la trilogía TESA: Economía, Ambiente y Ética, pueden sembrarse en tierras vírgenes del nuevo milenio.
Ricardo José Ferrer PicadoMiembro Comisión de Rel. Internacionales de la Coalición Cívica
Con especial dedicación a la sensibilidad de la Lic. Susana Pesis, quien me ha hecho ver el mundo más allá personificándose como una luminaria del progreso.La Plata, Lunes 25 de Agosto de 2008.-


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